Archive for abril, 2010


Cuando yo estudiaba era muy buena en inglés, y en los idiomas en general, y me decanté por la carrera de Traducción. Por ello mucha gente me animaba a sacarme el CAP para poder dar clases de inglés, o a buscar trabajo como profesora de inglés en alguna academia,  a lo que yo siempre respondía con un “no” rotundo. No quería ser profesora, y sigo sin quererlo.  No tengo la paciencia ni el tesón suficiente para ser profesora. Educar y enseñar a alguien me parece la profesión más difícil del mundo. Si no tienes verdadera vocación para ello, es mejor que te dediques a otra cosa.

Los mejores profesores son aquellos que aman su profesión, que quieren a sus alumnos, pero que a la vez exigen y buscan lo mejor de ellos, retándoles cada día, sin darles concesiones, aunque tengan que ser muy estrictos para ello. Sin rendirse, sin  desanimarse. Un buen profesor sabe ver de lo que un alumno es capaz y conseguir que aflore, aunque para ello haga falta mucha cabezonería y mucho esfuerzo. Y con esa cabezonería y esfuerzo al máximo puedes obrar el milagro. Como hizo Anne Sullivan.

Si no sabéis quiénes fueron Anne Sullivan y Helen Keller ya podéis estar investigando, porque su historia es de las que todo el mundo debería conocer, fascinante y esperanzadora como ninguna otra.

Cuando Helen aún estaba en la cuna, contrajo una enfermedad que la dejó sorda y ciega. Sus padres, en parte por lástima, en parte por comodidad, son incapaces de educarla, mimándola y consintiéndole todo, hasta el punto que ésta llega a un estado asalvajado, acrecentado aún más por su frustración ante la imposibilidad de comunicarse con los demás. Cuando la situación se hace insostenible, piden ayuda a una institución que les enviará a una joven profesora para la niña. Anne Sullivan, la institutriz, fue ciega y tuvo una infancia traumática. Ahora ha recuperado la vista pero entiende como se siente la niña, y lo más importante, sabe que la discapacidad que tiene no hace de ella una retrasada mental. Anne la tratará como una vidente porque espera que ella “vea”. Intentará por todos los medios que la niña salga de su aislamiento, aunque tenga que enfrentarse una y otra vez a unos padres sobreprotectores, aunque tenga que enzarzarse en una batalla campal con ella y destrozar el comedor para que aprenda a comer con cubiertos, aunque tenga que encerrarse con ella y repetirle los mismos signos una y otra vez hasta que la niña se dé cuenta de que dichos signos significan palabras, que cada palabra significa una cosa, un concepto, y que a través de ellos se puede comunicar, y ser una persona como cualquier otra, por la que nadie tenga que sentir lástima. Una actitud que se resume por completo en lo que le dice al padre de la niña en un escena de la película:

Pity for this tyrant? Is there anything she wants she doesn’t get? I’ll tell you what I pity… that the sun won’t rise and set for her all her life, and every day you’re telling her it will. What you and your pity do will destroy her, Captain Keller. (¿Pena  por esta tirana? ¿Hay algo que quiera que no consiga? Le diré qué es lo que me da pena… que el sol no saldrá ni se pondrá para ella durante toda su vida, y cada día usted le esté diciendo lo contrario. Lo que hacen usted y su pena es destruirla, Capitán Keller.)

Los que tengáis curiosidad por saber qué pasó con esa niña ya sabéis lo que tenéis que hacer; investigad, como ya os he dicho.

La película, basada en una obra de teatro de William Gibson que a su vez se inspiraba en la historia real que relata, fue dirigida por Arthur Penn en 1962, el cual hace un magnífico trabajo. No hay que engañarse pensando que por el argumento y por la etiqueta de “basada en hechos reales” vamos a ver algo sensiblero y lacrimógeno. Todo lo contrario. Esta es una película dura y sobria, pero también una historia de superación. Lo mejor, sin duda, son las interpretaciones de sus dos protagonistas, ambas merecidamente recompensadas con el oscar de aquel año: Patty Duke en su papel de niña sordociega testaruda, y Anne Bancroft en su papel de institutriz inasequible al desaliento. La batalla que libran a lo largo de la película es agotadora y extenuante como ninguna.

Esta es una película que te invita a reflexionar, que te hace pensar que con esfuerzo todo es posible, y que aún queda algo bueno en este mundo, a pesar de la dura realidad. Sólo por eso ya merece la pena verla.

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Cuando tenía quince años vi una película. Vaya novedad. ¡Anda que no vi películas aquel año! Rondábamos el centenario del cine y los canales de televisión se llenaban de ciclos emitiendo las mejores películas de todos los tiempos; si hubo un año en el que me hinché de ver películas, fue aquel.

Pero a lo que iba, a los quince años vi una película, y para mí no fue una película cualquiera. Era una película de terror psicológico, asfixiante, angustiosa, que me dejó muy impresionada. Pero lo que más impresionada me dejó fue su protagonista. Entonces aún no quería parecerme a ella (¿quién querría parecerse a una vieja loca que se oculta tras toneladas de maquillaje y vestidos de niña pequeña mientras tortura a su hermana en silla de ruedas?), pero me pareció portentosa la actuación de esa mujer. Sí, conocía su nombre, pero poco más; era una de tantas actrices de las que había oído hablar de pasada sin haber llegado a ver aún en acción.

Decidí buscar más sobre ella. Entonces no había internet en casa, sólo un par de enciclopedias de cine que teníamos en CD-ROM, de esas que regalaban con alguna revista que mi padre habría comprado. En los meses y años siguientes, poco a poco, vi su biografía, vi sus fotos, busqué más películas suyas (en eso tuve suerte de tener televisión por satélite en casa). No pude encontrar mucho, pero al menos descubrí quién había sido y lo que había sido. Y me encandiló; porque ella era diferente.

En sus primeros años como actriz

En una época en la que las actrices de Hollywood eran tan guapas que daban miedo (porque las moldeaban y las fabricaban así de etéreas, hasta hacerlas parecer inalcanzables), se abrió camino, sin ser especialmente guapa y sin querer cambiar su aspecto para convertirse en una cara bonita más. Es más, insistía en afearse y parecer descuidada si el papel lo requería, cuando lo normal era que ellas estuvieran divinas y glamourosísimas incluso recién levantadas.

En una época en la que las estrellas se identificaban con sus estereotipos dentro y fuera de la pantalla, y tenían miedo de encarnar a personajes antipáticos que pudieran caer mal a los espectadores, ella quiso hacer papeles difíciles, aquellos que no quería nadie. Hacía de malvada (La Loba), de mujer despreciable (Cautivo del Deseo), manipuladora (La Carta), caprichosa (Jezabel). También hizo de heroína (Amarga Victoria o La Extraña Pasajera), por supuesto, pero todos sus personajes, buenos o malos, tenían algo en común: mucho carácter y una fuerte personalidad.

En una época en la que las estrellas eran trabajadores contratados por los estudios que se limitaban sin más a hacer las películas que les daban, ella se enfrentó a sus jefes e incumplió su contrato y se largó porque quería mejores papeles que los que la obligaban a hacer. Perdió la batalla legal y tuvo que volver al estudio, pero en cierto modo consiguió lo que quería, porque a partir de entonces empezó a tener más éxito y la tomaron más en serio.

Y aún así, teniéndolo todo en su contra, desde mediados de los años 30 hasta mediados de los 40 se convirtió en la estrella más famosa y taquillera de su época, gracias a su cabezonería y a su perfeccionismo.

En sus tres colaboraciones con William Wyler : "Jezabel", "La Carta" y "La Loba"

Poco después, ya en su madurez, fue perdiendo fuelle en las taquillas, sobre todo por la mala calidad de las películas que le tocó hacer. Tuvo dos sonados regresos, uno en 1950 (la magistral Eva al desnudo) y otro en 1962 (¿Qué fue de Baby Jane?) que son precisamente dos de sus papeles más memorables. Durante todos esos años siguió haciendo películas con mayor o menor éxito, y tampoco le hizo ascos a la televisión. Trabajó hasta el último año de su vida. Para ella su vida siempre fue su trabajo (su vida personal fue bastante desastrosa y se dedicó por completo a actuar).

También se dice de ella que era difícil, caprichosa, que era muy complicado trabajar con ella. Tenía fama de deslenguada, de decir lo que pensaba y de no tener pelos en la lengua. Todo eso unido a su perfeccionismo y a su fuerte carácter le granjeó no pocos enemigos en Hollywood, aunque también amigos. Pero no voy a entrar en eso. Ni la conocí personalmente ni me interesa. Ella misma dijo “En mi profesión hasta que no te reconocen que eres un monstruo no eres una estrella”, y todos sabemos que Hollywood era un nido de víboras, así que qué os voy a contar.

Al final lo importante es que llegó a lo más alto a pesar de todo, y que trabajó y luchó durante toda su vida para conseguirlo. Lo hizo del modo difícil. Y por eso escogió esa frase para adornar su epitafio.

Margo Channing y Baby Jane Hudson

Cuando era una insegura y tímida adolescente de quince años quería ser como ella; quería ser fuerte, luchadora, tener personalidad y carácter, ser diferente a los demás. Ahora ya he crecido y madurado y he llegado a ese momento de mi vida en que tengo suficiente confianza en mí misma y no necesito referentes externos a los que querer parecerme. Además, no fumo (aunque si existiera algún tabaco que no fuera malo para la salud no me importaría fumar como ella), ni tampoco tengo sus impresionantes ojos. Pero eso sí, lo de seguir disfrutando como una loca viéndola en sus películas no me lo quita nadie.

Por eso hoy, que se cumplen 102 años de su nacimiento, le dedico este homenaje. Porque para mí siempre será la más grande, y porque sólo hubo, hay y habrá una Bette Davis.

Ayer me vi Cabaret, gran película que algún día comentaré más detenidamente, y que de momento me sirve de excusa para recordar la figura de Bob Fosse, actor, bailarín, coreógrafo y director de cine que revolucionó el mundo del musical. Aquí tenéis una pequeña muestra de ese estilo tan personal y particular que plasmaba en sus coreografías y números musicales, y en su manera de rodarlos, y que se ha convertido en toda una marca de fábrica imitada hasta la saciedad:

Sweet Charity (1969)

Cabaret (1972)

All That Jazz (1979)

Creo que la mejor manera de empezar este blog es hablando de una película que habla del mismo cine y de sus entresijos. Y además es de lo más adecuada porque la imagen de cabecera de este blog pertenece precisamente a esta película de 1952 dirigida por Vincente Minelli. Tengo que reconocer que aún no la había visto hasta ayer, pero esa foto es una imagen bastante famosa que conocía desde hace muchos años y que siempre me había gustado.

El cine dentro del cine es un minigénero que siempre me ha gustado mucho. A Hollywoood de toda la vida le encanta mirarse el ombligo, y mostrar sus miserias y recovecos. Al fin y al cabo Hollywood siempre ha sido un nido de víboras, y quién mejor que ellos para mostrárnoslo.

Tenemos por un lado al director (Barry Sullivan), con talento, con oficio. Por otro a la actriz (Lana Turner), guapa, pero que tiene que pulirse y aprender para convertirse en estrella. Por otro, al escritor (Dick Powell), con buenas ideas e historias en su cabeza.

Pero ellos no son los verdaderos protagonistas, el verdadero protagonista es el productor (Kirk Douglas), ambicioso, manipulador y sin escrúpulos. El máximo exponente de ese nido de víboras que es Hollywood, y que sabe ver el talento en los tres anteriores y les ofrece la gran oportunidad de su vida, pero que a la vez los utiliza y manipula para enriquecerse y convertirse en alguien importante, aunque para ello tenga que jugarles una mala pasada a cada uno.

La historia se divide en tres flashbacks, en los que cada uno de los tres primeros recuerda cómo conoció al productor, cómo éste se ganó su confianza para que trabajara para él, y luego le apuñaló por la espalda. Él les traicionó, pero sin embargo, a pesar de todo, ellos ahora son los más famosos e importantes en su profesión gracias a la oportunidad que él les dio.

La verdad es que con esta película me ha pasado algo que desgraciadamente pasa a menudo. Es una de esas de las que se habla a menudo como una obra maestra, y cuando la vi no me pareció para tanto. Es decir, me sigue pareciendo una muy buena película, pero no una obra maestra. Me dejó un poco fría, al contrario que otras películas de este subgénero, y con la sensación de que la historia podía haber dado más de sí, y que le falta algo más de mala leche (y eso que la tiene y mucha, pero aún así…).  Tampoco puedo evitar decir que la traducción del título al castellano es una de las peores traducciones de títulos que hay, porque no tiene nada que ver con el argumento de la película y te da una idea completamente equivocada.

De todos modos, si hay una cosa que verdaderamente me gusta de esta película es que retrata muy fielmente el mundo del cine, o mejor dicho, el mundo de “aquel cine” de otra época. Salen muchos elementos reconocibles: las películas de terror de serie B, las grandes superproducciones de época más grandes que la vida, el galán latino, la actriz desconocida a la que transforman para convertirla en estrella de la noche a la mañana, los problemas entre directores y productores para hacer las cosas cada uno a su manera durante el rodaje, y muchos otros más. Además, muchos de los personajes tienen trazos de directores, actores, productores, etc, que existieron en la vida real, y seguramente se basaron en ellos a la hora de hacer el guión de la película. Así que resulta de lo más interesante si te gusta todo ese mundillo.