A lo largo de nuestra vida conocemos a muchas personas. Algunas de ellas estarán a nuestro lado hasta el final, otras lo estarán durante un tiempo, nos marcarán en mayor o menor medida, y se irán, ya sea porque perdamos el contacto con ellas o por cualquier otro motivo; y a otras las conoceremos de pasada y no les daremos la menor importancia. Pero estos sentimientos no siempre son recíprocos. A veces no nos damos cuenta de lo que podemos significar para otras personas. Sin saberlo, podemos ejercer una gran influencia en la vida de alguien al que a priori no le damos la menor importancia en la nuestra, y viceversa. Puede que incluso hayamos marcado la vida de una persona a la que apenas conocimos, y de la que ya ni siquiera nos acordamos. De esta idea, llevada hasta el extremo, parte Carta de una desconocida, uno de los mayores exponentes del género DRAMÓN. Dramón con mayúsculas. De los de sofá, manta, y caja de kleenex.

La historia se sitúa en la Viena de 1900. Un pianista vividor y mujeriego venido a menos regresa a su casa por la noche; tiene una cita por la mañana para batirse en duelo. Su intención es no presentarse y huir de allí antes del amanecer. Pero su criado le enseña una carta que ha llegado esa misma noche. Una carta que comienza con la frase “Cuando leas estas palabras, probablemente esté muerta”. La carta la ha escrito una mujer a la que él no recuerda. Fue una de sus tantas conquistas de una sola noche, y no significó nada para él. Para ella, sin embargo, él fue el amor de su vida, a pesar de que sólo tuvieron tres encuentros fugaces.

Ella, Lisa (Joan Fontaine), estuvo perdidamente enamorada de él cuando era una adolescente. Él, Stefan (Louis Jourdan) era su vecino, al que escuchaba tocar el piano desde el patio y espiaba por la ventana cuando llegaba a casa acompañado de otras mujeres. Ella se tuvo que ir de la ciudad, pero volvió años más tarde, y lo buscó. No le dijo quién era, así que él no reconoció a su antigua vecina, sólo a una chica guapa que le miraba ¿quizás la había visto en alguna parte?, y de ese encuentro surgió una hermosa cita, una de las citas más románticas jamás vistas; con una cena con velas, flores, paseos por el parque, y un baile de madrugada, unos acordes al piano de él para ella; una cita maravillosa, inolvidable, y que acabará, por supuesto, en el piso de él, y en un fundido en negro poniendo el broche final a una noche perfecta.

Pero lo peor que puede pasar cuando deseas algo con toda tu alma, es que se cumpla. Al día siguiente, él se fue de gira, diciéndole que volvería a buscarla; algo que jamás cumpliría. Ella tampoco lo buscó, por cobardía, por orgullo, o quizás por puro masoquismo. Quizás sabía que se rompería el hechizo y él la rechazaría (y tendría razón) y prefirió quedarse con el beneficio de la duda. Lo volvería a ver una última vez, de casualidad, diez años después. A pesar de haber seguido adelante, el recuerdo de esa noche y de ese hombre permanecía imborrable en su memoria. Ella vio al hombre que había marcado su vida, por el que lo dejaría todo. Él vio a una mujer guapa que le miraba, ¿quizás la había visto en alguna parte?…

Y ya no puedo seguir porque desvelaría el final, un final que siempre me hace pensar lo mismo:

Ay, cuánto daño han hecho la idealización y el romanticismo…

Pues sí, yo no soy nada romántica. Creo en el amor, pero en un amor que no nace, sino que se hace. No creo en las cenas con velas, ni en el amor a primera vista, ni en amar desesperadamente a alguien a quien apenas conoces. Todas esas cosas, citando a uno de los personajes secundarios de la película, son “tonterías románticas”.  Y siempre que la veo me entran ganas de darle una torta a la pobre Lisa y decirle que espabile ya, que deje de cometer el mismo error una y otra vez, pero no puedo evitar sentir pena por ella cuando no es capaz de hacerlo. Pero tampoco él me parece un crápula sin sentimientos cuando se sorprende y emociona al ver alguien fue capaz de amarle de esa manera aunque no se lo mereciese. Los personajes son muy humanos, y despiertan en mí muchos sentimientos, a veces encontrados y contradictorios, los cuales no relataré porque no quiero condicionar la opinión de nadie que no la haya visto (quizás en los comentarios, previo aviso de spoiler).

No suelen gustarme las películas románticas. Esta película me encanta. Pertenece al selecto y muy reducido grupo de “películas románticas que me encantan” porque cuando la veo se me ocurren muchas reflexiones a las que doy vueltas y vueltas, y mientras divago se me queda un nudo en la garganta (sin llegar a usar los kleenex, porque soy una insensible que nunca ha llorado con una película, pero el nudo está ahí, y los kleenex también, por si acaso, que nunca se sabe cuándo los necesitarás). Y una película que consigue hacerme todo eso en apenas 80 minutos de metraje algo tiene que tener.

Si hay algún romántico pululando por este blog que tenga una visión de la película diferente a la mía le animo a que no se corte y comente. Siempre es un placer leer otros puntos de vista diferentes.

Carta de Una Desconocida está basada en una novela corta del escritor austríaco Stefan Zweig. La dirección corre a cargo de Max Ophüls. Se dice que es un director de los grandes. Yo no puedo juzgar porque esta es la única película suya que he visto hasta la fecha. Pero si tuviera que juzgarlo sólo por ella, lo secundaría, porque la dirección es magistral. Ophüls fue un director alemán que hizo películas en Alemania, Italia, Estados Unidos, y Francia. Esta es una de las cuatro que realizó en Hollywood, y realizó un trabajo tan personal que parece una película europea, muy distinta de las que se hacían allí por aquel entonces.

La historia, al estar narrada desde el punto de vista de la protagonista, nos da sólo su versión de lo ocurrido, algo que en principio nos pone de su lado, pero el director se sirve con maestría de varios elementos para que el espectador vea más allá y saque sus propias conclusiones.

Por ejemplo, en una escena, vemos como una Lisa adolescente espía al pianista entrando en el portal, acompañado de una mujer. La cámara los enfoca desde lo alto de la escalera y los sigue cuando entran en el piso. Más adelante vemos la misma escena, el mismo encuadre, el mismo plano, el mismo escenario, y el mismo desplazamiento de cámara, pero ahora es la propia Lisa la que acompaña al pianista. Ahora es ella la que se ha convertido en su acompañante ocasional.

La ambientación y la recreación de la Viena de finales del XIX está increíblemente cuidada, y es un escenario perfecto para la historia. A menudo las calles están cubiertas con niebla y la bruma hace que los fondos de la ciudad parezcan borrosos, como si la ciudad fuera parte de un sueño, como si todo lo que ellos viven lo fuera.

Hay otra escena, durante la primera cita de la pareja, en la que están en una atracción del parque que consiste en un falso tren por cuya ventana vemos pasar unos paneles con dibujos de paisajes y ciudades, que al desplazarse simulan el movimiento del tren. Es un viaje de mentira, una fantasía. Es en ese tren de mentira dónde ella es más feliz que nunca. Sin embargo, en la vida real, los trenes reales no hacen más que alejar a lo que más quiere de su lado para siempre.

El guión fue escrito por Howard Koch, que también fue guionista, por ejemplo, de Casablanca (y que fue el que recomendó a Ophüls para dirigir la película), a partir de la novela de Zweig. Por el modo en que ella relata su historia nunca llegas a saber a ciencia cierta si simplemente quería confesarle lo que sentía (siempre te he querido), o si se lo está echando en cara y le está reprochando que no haya estado a su lado (si hubieras sabido reconocer lo que siempre fue tuyo), aunque resultase paradójico que ella tampoco fuese capaz de ir a buscarle y confesárselo. Puede que supiera que no era el hombre adecuado y que no le podía ofrecer lo que ella quería (quería ser la única mujer de tu vida que no te exigiera nada) y necesitaba quitarse ese peso de encima. Puede que se sintiera dolida, y también una tonta por haberle querido todos esos años. Puede que todo eso a la vez.

La película, fue un fracaso absoluto en Estados Unidos y casí echó al traste la carrera de Ophüls como director en Hollywood (aunque aún rodaría dos películas más allí antes de irse definitivamente y continuar su carrera en Francia). En Europa, en cambio, tuvo una gran acogida. Curiosamente, muchos años después, Carta de una Desconocida se convirtió en una de las películas más veces emitidas por televisión en los Estados Unidos. Hoy está considerada un clásico.

Y para terminar, un consejo para los que no hayan visto aún esta película y se animen a hacerlo. Por favor, vedla en versión original. Es uno de esos tristes, y terribles casos en los que la BSO se vio salvajemente mutilada y alterada por el doblaje.

 

Pertenece al selecto y muy reducido grupo de “películas románticas que me encantan”, porque no cae en sensiblerías, porque despierta en mí muchos sentimientos, a veces encontrados, y porque cuando la veo se me ocurren muchas reflexiones, que detallaré a continuación, pero que recomiendo que no leáis si no habéis visto la película. Pienso que cuanto menos se sepa de una película antes de verla, mejor, y una vez vista ya puedes leer todos los comentarios del mundo. Pero si no puedo reflexionar sobre una película entonces no escribiría un blog de cine, así que simplemente aviso, y que cada uno decida si quiere seguir leyendo o no.

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