Conozco muchas personas que ven el cine clásico de Hollywood como demasiado encorsetado, inocente e irreal, un cine de buenos y malos en el que estos últimos siempre se llevan su merecido. Y en muchas ocasiones tienen razón. En la mayoría de estas películas nada es explícito, todo se sugiere. Esto se debe a que las películas de la época eran sometidas a una rígida censura. Para ver estas películas hay que saber leer entre líneas.

Pero lo que mucha gente no sabe es que no siempre fue así. En la época del cine mudo los cineastas y los estudios tenía muchísima más libertad. Sí que existía censura, pero esta venía impuesta por organismos externos y los criterios por las que ésta se regía eran diferentes en cada estado. Esto significaba que podían rodar lo que quisieran, independientemente de que luego en algunos lugares prohibieran la película o cortaran escenas.

Will H. Hays

A las protestas de muchas asociaciones y organismos que se quejaban de la “inmoralidad” de las películas, se unieron varios escándalos protagonizados por diversas estrellas de la época (asesinatos, muertes trágicas relacionadas con las drogas, bisexualidad, etc.). La prensa sensacionalista hizo su agosto con estas historias y retrató a Hollywood como algo parecido a la nueva Sodoma y Gomorra. Todo esto hizo que los principales estudios, temerosos de que el gobierno tomara cartas en el asunto y les impusiera un sistema de censura y regulación, se unieran y creasen la Motion Pictures Producers and Distributors Association (MPPDA).  Esta asociación se encargaría de velar por los intereses de los estudios, y a la vez de regular las películas que se estrenaban, sin depender de organismos externos o dependientes del gobierno. A la cabeza de esta asociación estaba Will H. Hays, un importante abogado y político republicano.

En 1927, Hays elaboró una lista de aquellos temas que, en su opinión, debían evitarse en las producciones cinematográficas, y en 1930 creó el Studio Relations Committee (SRC) para aplicar dichas normas. Pero ni la lista ni el comité tenían autoridad real para ello, por lo que muchas películas seguían saltándose las normas de Hays.  Entonces, con la ayuda de un sacerdote católico y un respetado editor, también católico, elaboró un código de censura cinematográfica, el Motion Picture Production Code, que fue conocido como el Código Hays.

El Código Hays fue aprobado por la MPPDA en 1930, pero seguía sin ser obligatorio y seguía sin existir un órgano eficaz que se encargase de su cumplimiento, por lo que durante varios años se siguieron haciendo películas con libertad, y los cineastas de Hollywood se pasaban el código por el forro, y en muchas ocasiones lo desafiaban haciendo películas escandalosas. El periodo comprendido entre 1927 (la llegada del sonoro) y 1934 se conoce como la era pre-code. En estos años encontramos obras como Baby Face, en la que una muchacha (interpretada por Barbara Stanwyck) que ha sido prostituida por su padre desde los 14 años se abre camino en la vida usando su sexualidad; Red-headed Woman, en la que Jean Harlow seduce a varios hombres, comete adulterio, diversos actos delictivos, y al final sale impune y tan campante; o La señal de la cruz, producción bíblica en la que Cecil B. DeMille muestra desnudos, orgías y asesinatos de todo tipo.  Hay muchísimos ejemplos más, pero de las películas pre-code es mejor hablar en otro momento y con calma, porque dan para mucho.

La grande (qué digo grande, grandísima) Barbara Stanwyck en "Baby Face" (1933)

Jean Harlow en "Red-headed woman" (1933)

Une escena de "La señal de la cruz" (1932)

Ante estas películas, los censores, ayudados por la iglesia católica, comenzaron a presionar más y más a los estudios. Se fundó la Legión de la Decencia y en junio de 1934 se aprobó una enmienda al código que dictaba que todas las películas debían obtener un certificado de aprobación antes de ser estrenadas. El resultado fue que durante los treinta años siguientes todas las películas producidas en Estados Unidos tuvieron que ajustarse a las normas del código.

El código completo traducido al castellano lo podéis leer en este enlace, y sus tres principios generales eran los siguientes:

  1. No se autorizará ningún film que pueda rebajar el nivel moral de los espectadores. Nunca se conducirá al espectador a tomar partido por el crimen, el mal, o el pecado.
  2. Los géneros de vida descritos en el film serán correctos, tenida cuenta de las exigencias particulares del drama y del espectáculo.
  3. La ley, natural o humana, no será ridiculizada y la simpatía del público no irá hacia aquellos que la violentan.

Algunas normas eran comprensibles dada la mentalidad de los censores de la época. No se podía mostrar sexo explícito, los bailes provocativos y desnudos estaban prohibidos; también la blasfemia, el uso de palabras malsonantes y la ridiculización de la religión. Las relaciones sexuales fuera del matrimonio no estaban permitidas, excepto si se presentaban de manera poco atractiva o poco explícita, y mucho menos permitidas estaban las relaciones interraciales y “perversiones sexuales” como la homosexualidad. El asesinato y la violencia tampoco podían mostrarse explícitamente, y siempre de forma que se desalentase al espectador. También se controlaba el uso de alcohol, y se prohibía mención alguna al uso de drogas o a la prostitución. Otro de sus rasgos representativos era que todo aquel que cometiera algún acto delictivo o reprobable según el código debía siempre ser castigado al final. Los espectadores eran tratados como niños a los que había que educar.

"Sucedió una noche", una de las primeras películas que tuvo que ajustarse y sortear al código.

Otras de las normas eran directamente absurdas (no se podía mostrar el ombligo ni las axilas, los besos no debían durar más de tres segundos, los matrimonios tenían que dormir, preferiblemente, en camas separadas, etc.). De la aplicación férrea del código se encargó el censor Joseph Breen, que desde su oficina miraba con lupa cada guión que se escribía y cada película que se rodaba, hasta que dejó su cargo en 1954.

El resultado de todo esto es que los guionistas y directores se tuvieron que estrujar la cabeza para saltarse, torear y hacer buenos guiones teniendo que ajustarse a esta rígida censura. En ocasiones lo conseguían y en otras no. El cine de Hollywood se llenó de referencias no explícitas, mensajes ocultos y dobles sentidos. A partir de los 50 el código empezó a quedarse anticuado, y el público empezaba a demandar películas más y más realistas (influenciado sobre todo por las nuevas corrientes del cine europeo), por lo que la aplicación de éste empezó a relajarse poco a poco y se hizo una reforma, pero en los años 60 era ya tan obsoleto e inservible que fue abolido completamente en 1966.

No deja de ser curioso que esta fuera una censura autoimpuesta por la propia industria, es decir, que provenía de un organismo que los mismos estudios había creado, y que a pesar de ello intentaran saltársela y burlarla en muchas ocasiones. En cierto modo a los grandes estudios les beneficiaba la censura. Por un lado preferían ser autorregulados por un organismo creado por ellos mismos a someterse a una censura impuesta por el gobierno. Por otro, la férrea aplicación del código hacía que la mayoría de películas independientes y extranjeras no consiguiesen el certificado de aprobación, por lo que la exhibición de esas películas era muy restringida y minoritaria comparada con las grandes producciones de los estudios. De hecho fue la mayor demanda de estas películas europeas minoritarias y más realistas, a partir de los 50 y 60, la que propició la renovación y posterior abolición de este código.

Pero esto no quiere decir que con la abolición del código se aboliera la censura. La censura siguió y sigue existiendo desde entonces. Después de la desaparición del código se cambió a otro sistema más adecuado a los tiempos que corren: el de clasificación por edades. Si bien ahora hay más libertad y permisividad que en la era del código (no en vano han pasado más de 70 años), y cada uno puede rodar lo que quiere sin que nadie prohíba y corte la película, si la califican con una NC-17 (anteriormente conocida como X), muchos cines se negarán a exhibirla, muchas cadenas de grandes almacenes no la venderán, y su acceso al público quedará limitado. Es otro tipo de censura más sutil y velado que hoy en día continúa vigente y que sigue afectando por completo al cine americano.

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